mexicana

la mejicana que chupaba pollas sin videos porno

La vida que le esperaba en México era casarse muy joven,
tener cinco o seis hijos de un hombre que sos padres habían acordado.
Dinero, dinero, dinero
todo se compra, todo se vende.

Así que una noche te escondiste en una camioneta
que iba ninguno el norte.
Creías que allí arriba todo era mejor.
El conductor paró para mear
y te vio allí, en medio del susto,
y pensó al aprovecharse de tú
tan joven, con esas mamelletes tensas
unas nalgas tibias y un buen culo caliente.

El conductor sabía el que no era ningún secreto.
Querías ir a su país huyendo de la miseria del tuyo.
Lo sabía y te lo iba a hacer pagar.
Dinero, dinero, dinero
todo se compra, todo se vende.
Se te acercó dispuesto a cobrarse.
«Y have no money. Plese, help me.»
Tranquila, no eran dinero el que quería.
Le apetecía joder un buen clave.
Se la sacó de la bragueta y dijo:
«Suck my cock, baby.»
Y tú se la chupaste una y otra vez.
Por fin comprobaste que el inglés era una lengua útil,
como tu mamándosela a compás.
De repente dijo: “Stop!” Y tú paraste.
Tu careta de india incitaba al placer.
Él va masturbar-se y se corrió en tu cara.
El semen regalimava hasta tu boca carnal.
«Swallow it ajo.»
Y te tragaste todo el esperma.
Pusiste cara de chica buena.
«Are you satisfied, sir?», preguntaste.

«Don not hurry, baby. Y want more.»
No, mister, no tengo tomada. Haré el que quiera.
Entraron los dos dentro de la camioneta.
«Take off your clothes. Y want tono see you naked.”
Se quitó la ropa Y se quedó desnuda.
Le chupó esos pechos, pequeñas, blancas Y duras
que parecían las de una joven acabada de duchar.

Entonces, se puso detrás de tú
sobre tus adorables nalgas
para rozar su pene entre ellas.
Le dijo tanto de gozo que casi tiene un orgasmo.
Dijo que se pusiera a cuatro patas.
Con una mano te tocaba las mamelletes
Y con la otra conducía la punta del mientras
cabe la la tuya vagina húmeda Y te penetró.

Era el segundo que lo hacía.
El primero fue un novio que te abandonó.
Nadie en el pueblo se casaría contigo si no eres virgen.
Por eso querías irte y decidiste probar suerte con el gringos.

De repente el paio se puso a cien.
Sabías que estaba a punto de tener un orgasmo…
«God, Holy God, your face, your mouth!»
Lo comprendiste mucho viene.
Vas masturbar-lo Y mamarse la hasta que se corrió.
Tu cara y tu boca estaban llenas de semen.
Bien es verdad que te gustó.
Aunque él estaba K.O. tú seguiste suela.
Mientras con una mano le acariciabas la polla
con la otra te rozabas el clítoris hasta tener una orgasmo lento y prolongado.

Por la mañana lo miraste a la cara por primero Y última vez.
«Hostia puta, ni es rubio ni tiene los ojos azules», pensaste.
Con mucha cura te esconde bajo unos trapos y mantas
Y vais creau la frontera sin problemas.
La camioneta paró Y tú bajaste.
«Good luck, baby, in America», te deseó.
Thank you, sir. Y’ll try.
Claro que lo intentarías una y otra vez.
Estabas dispuesta a xuplar-se la polla a todo el mundo;
siempre que for a alto, rubio Y con los ojos azules.
Sabías que una medio india como tú no sería nunca nada,
solamente te querrían para pasar el rato contigo Y nada mes.

Mis hijos, mis hijos!
En ellos pensabas. Sabías que si tu vagina
era regada por una buena verga
de un tio alto, rubio y con el ojos azules,
podrías si tenías suerte tener una criatura americana
alta, rubia y con los ojos azules
que no tendría que limpiar wáteres o morirse de hambre.

Camirares por las calles todavía oscuras por la ciudad.
Un camionero acababa de poner gasolina.
Era alto, rubio y tenía los ojos azules.
Ella se acercó a él y le se le ofreció gratis.
La puerta se obrigué y ella subió.
Le puso la mano en la polla. Ya la tenía dura.
El camionero se alejó un poco de la gasolinera .
La sacó y ella empezó a xuplar-le-la.

Pasaron los años. Ella limpiaba wáteres.
De cuando en cuando se la xuplava a alguien por un poco de dinero.
Dinero, dinero, dinero
todo se compra, todo se vende.
Había tenido cuatro niños, todos hombres, como ella quería.
Altos, rubios y con los ojos azules.
Pero todos se avergonzaban de ella porque era una mexicana
bajita, morena, pobre, medio india y puta.
Al hijo más pequeño le metió un día la medalla con la M de Maria.

Una noche apareció un chico americano.
Quería hacer un clave pero tenía poco dinero.
Vio una mexicana bajita haciendo la carrera.
No le importaba la cara. Solamente quería correrse de una mamada.
«Come here, bitch. Suck my dick.»
Fue y empezó a chuparle la polla.
El chico tenía mucho placer y se menejava mucho.
Se le desabrochó la camisa y se le salió una medalla con la M de Maria.
Ella se dio cuenta. Se la chupó como nunca lo había hecho.
Se tragó hasta la última gota de esperma.
El chico le dio solamente diez dólares.
Dinero, dinero, dinero
todo se compra, todo se vende.
Se fue y ella quedó allí sola hasta el próximo cliente.

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